Tomás Fernández Soto, Tomás de Perrate (Utrera, 1964), se siente tan músico como cantaor. De hecho, aun siendo nieto de un mito como Manuel Torre e hijo de Perrate de Utrera, se inició en su juventud en el rock, como batería, junto a otros amigos. «Mi generación, por suerte, nació con un mayor acceso a la música, y era difícil que un aficionado a la música en general no hiciera, con sus amigos, una cosa tan natural como esa», afirma.

Este miércoles 14 cerrará el ciclo ‘Herencia, transmisión oral’, enmarcada en la I Bienal de Cante de Jerez, junto al jerezano David Carpio.

— ¿Hacía mucho que no cantaba en Jerez? ¿Qué veremos el 12 de agosto en el Museo del Enganche?

La verdad que no recuerdo la última vez. Recuerdo que una vez estuve en un espectáculo con Belén Maya, ella como artista invitada, pero no recuerdo si la última vez estuve con Israel Galván.

En cuanto al espectáculo, y tratándose de Jerez, territorio flamenco, pretendo hacer una gran representación de Utrera: mi padre Perrate, Diego del Gastor, Bernarda y Fernanda… Quiero ser representativo de todo esto, y el público podrá escuchar un recital clásico de soleá, bulerías, seguiriyas… En definitiva, las cosas de aquí y de allí, vistas desde el punto de vista de Utrera.

— Es la primera vez que actúa junto a David Carpio.

Me gusta mucho David cantando, aunque lo que he escuchado de él nunca ha sido en directo, porque no hemos coincidido nunca. Me apetece cantar con David, compartir escenario, porque nunca he tenido la ocasión y más en una Bienal de Cante. Por eso y por el contraste, él hará las cosas con su denominación de origen y yo con las mías, como complemento.

— ¿Qué le parece la iniciativa de que Jerez cuente con una Bienal de Cante?

Lo que más me gusta es eso, que sea de cante. Yo casi propondría lo mismo en Sevilla, en paralelo a la Bienal de Flamenco, porque ahora mismo está todo muy mezclado y hay demasiadas propuestas experimentales, pero no se ve nunca el cante en sí, tienes que ser muy aficionado y elegir entre una cosa u otra. Y por eso me parece muy interesante la propuesta de Jerez, porque tal y como están las cosas me parece genial. De hecho, a Ramón Soler, escritor y flamencólogo, nunca lo he visto en Sevilla en la Bienal y sin embargo me ha dicho que va a ir a Jerez, porque le parece una propuesta interesantísima.

— Usted forma parte de una gran estirpe de cantaores como Manuel Torre, Perrate de Utrera, la Perrata… ¿Eso ya imprime un carácter y unas formas únicas a la hora de cantar?

Hombre, a mí me gustan mucho las cosas de mi gente. Me influyen porque me gustan mucho cantando, pero procuro ir a mi bola en cierto sentido, porque además uno no puede cargando con tantas cosas. El cante es el cante y luego tú tienes tu punto de vista, tu físico, tu voz, tu metal. Es verdad que les admiro, no intento imitarles, pero las formas de mi familia intento defenderlas. Mi padre casi es un desconocido, pero sí es verdad que en los núcleos más aficionados se le conoce. A mi tía María La Perrata le pasa lo mismo, solo se conoce en los ambientes de más intimidad, y esas cosas me gustan defenderlas.

— Sin embargo, sus primeros pasos en la música se dan en el rock

Mi generación, por suerte, nació con un mayor acceso a la música, no como ahora con internet, pero sí que teníamos acceso a cassetes, podíamos grabar y grabarnos, teníamos acceso a música extranjera… Era difícil que un aficionado a la música en general no hiciera, con sus amigos, una cosa tan natural como esa. Nunca me he considerado un radical y de hecho ahora estoy con un amigo, con el que me inicié en el rock, conociendo un proyecto de música electrónica. Yo entiendo que mi abuelo o incluso el mismísimo Mairena, para poder acceder al flamenco, tuvieran que ir al sitio, emborracharse con el personaje y pillarle las cosas que les fuera oyendo, pero nosotros hemos tenido otro acceso a la música. Yo empecé con la batería, pero tampoco dejé la música clásica, de hecho me encanta la española de los siglos XV y XVI.

— También mezcla el swing con el flamenco.

Hago todo lo que pueda investigar. Yo hago todo lo que me gusta, me siento cantaor, pero también músico.

— Flamenco fusión, flamenquito, flamenco puro… ¿Tantas denominaciones afectan al flamenco?

Yo creo que tiene mucho que ver los metales, y con los metales hablo de la tesitura de la voz, también de la cultura flamenca que uno tenga, aunque los palos, gracias a Dios, nos los han dejado muy definidos como para poder desvirtuarlos.

Foto: Javier Andrada